En un viernes soleado del 7 de abril del 2023 exactamente eran las 7:20 am, recibí
una grata visita en mi casa. Gerald, mi mejor amigo, llegó emocionado y con una
propuesta en mente: realizar un viaje a Huamachuco. Acepté sin dudarlo, ansiosa
por la aventura que nos esperaba.
Siendo las 8:00 am partimos rumbo a Huamachuco y, durante el trayecto, la
emoción crecía en nuestros corazones. Al llegar a la laguna del toro, quedamos
maravillados al encontrarse rodeados de llamas. Estos animales majestuosos
pastaban en las orillas, añadiendo un toque mágico al paisaje. El entorno en
Huamachuco nos dejó sin palabras. Las montañas se alzaban imponentes, mientras
las nubes parecían acariciar el cielo, dando la sensación de estar suspendidas justo
encima de sus cabezas. Nos sentíamos como si estuviéramos inmersos en un
mundo de ensueño.

En el camino nos encontramos con la “Concha de la Vaca” lugar donde nacía agua,
los pobladores que viven por ahí nos comentaron que esa agua te enriquece de
salud y buenas vibras para tu vida, llenamos agua en botellas de 3 litros para llevar
a nuestras casas.
Llegamos exactamente a las 12:30 am a la plaza de Huamachuco donde pudimos
encontrar hermosas árboles con figuras de animales y celebridades, decidimos ir a
comer a los restaurantes que estaban cerca a la laguna Sausacocha, terminamos
de comer y fuimos rumbo al recorrido en bote por la laguna, a pesar de que el día
estaba frío, el sol se asomaba entre las nubes, creando un juego de luces y
sombras sobre el paisaje. Era un contraste encantador que realzaba la belleza del
lugar.
De repente, a las 2 de la tarde, a lo lejos se observaba como una nubes negras se
acercaban a la laguna, hacían alusión a unos gigantes caminando por el cielo,
percibí el distante sonido de truenos. A medida que pasaba el tiempo, los truenos se
hicieron más fuertes y cercanos. Treinta minutos después, una tormenta de granizo
estalló sobre ellos. Con prisa y adrenalina corriendo por nuestras venas, nos
refugiamos en el carro para emprender el regreso a nuestros hogares.
Durante el camino de vuelta, el sol comenzó a asomarse tímidamente entre las
nubes. Sin embargo, algo nos llamó la atención. Nos dimos cuenta de que los
pobladores locales continuaban con sus actividades diarias con total normalidad.
Mientras nosotros nos apresuramos para partir, los habitantes de la zona lavaban su
ropa en los ríos cercanos y pastoreaban sus alpacas y llamas como si nada
ocurriera.

Finalmente siendo las 18:00 horas, ya para llegar a nuestro destino concluimos
nuestro recorrido con una comida reconfortante. Saborearon café pasado y
chicharrón frito, buscando aliviar el susto que habíamos pasado durante la tormenta.
Compartimos risas y anécdotas, agradeciendo la seguridad que sentían al estar
juntos.
Llegamos a casa sanos y salvos con el corazón lleno de recuerdos y experiencias.
Aunque el viaje no transcurrió exactamente como lo habíamos planeado, habíamos
vivido una aventura única en Huamachuco. Al otro día nos dimos cuenta que el
agua que llevamos de la Concha de la Vaca estaba fría como a temperatura de
haber estado toda la noche en el refrigerador. Sin duda alguna fue uno de nuestros
primeros viajes extraordinarios.